lunes, junio 12 

he pasado sólo un momento por aquí para desearte;

feliz aniversario don solojose

lunes, mayo 8 

¡Hoy es un buen día! ¡Creo que ha llegado el momento!

Creo que es un buen día para acabar este diario, después de casi un año contando retales de mi vida, siento que ha llegado el instante de poner un punto y final al diario de un parado, entre otras razones, la que más me emociona es que el título que le da nombre parece que va a carecer de sentido dentro de poco (sigo cruzando los dedos, no os creais). Así que esta mañana me levanté y pensé que era un día estupendo para deciros hasta pronto. Para deciros también que me lo habeis hecho pasar fenomenal durante todo este tiempo. Que he aprendido que a través de un medio que yo consideraba tan frío como internet se puede conectar emotiva y suficientemente con gente más allá de cualquier distancia física. Que siempre que tenía un rato me acercaba hasta aquí para ver que me habíais dejado de regalo en vuestros comentarios, y que siempre he tratado de visitaros (creo que no todo lo suficiente) para haceros presente también mi cercanía y de paso disfrutar con vuestras palabras.

Mis queridos amigos del blog gracias por todo lo que me habeis dado y todo lo que habeis dejado por aquí, gracias por vuestros pensamientos y por vuestro tiempo. Por vuestra imaginación, vuestros puntos de vista y vuestros consejos. Gracias.

¡Bueno! ¡Y una cosa más! ¡Una sorpresa final! como no me gustan los adioses definitivos y el mundo es un constante flujo de ciclos, aunque hoy acabe uno de estos ciclos, en otro lugar empieza otro, pero si quereis saber dónde tendreis que mandarme un correo y estaré encantado de daros esa información.

Se me olvidaba una cosa, algo que quiero haceros llegar a todos, que no falten mis...

ACHUCHONES

lunes, mayo 1 

Alvaro lleva unas noches despertándose de madrugada. Se acerca a nuestra cama con intención de que le hagamos un hueco. Preguntamos qué le ha pasado y siempre nos contesta: es que tengo nieve en la mano.

sábado, abril 29 

Viernes por la tarde. El parque. Los niños acaban de salir del colegio y comienza un estupendo puente para los madrileños. Las habituales también se han ido de puente. Los pitufos juegan a su aire a unos prudentes cien metros de distancia. Se ha sentado junto a mí alguien llamado Aburrido. Con las prisas Ben Harper se ha tenido que quedar en casa dentro del reproductor de emepetres. No tengo nada con lo que distraerme. Una botella de agua. Al poco rato se sienta a mi lado alguien llamado Soledad. No hay plan para estos días, pues un poco de trabajo (afortunadamente) y un mucho de temario han quedado conmigo para pasar en casa estos cuatro días. Tic, tac, tic, tac. El señor A y el señor S están dispuestos a acercarse un poco más. Tic, tac, tic, tac. Al menos los enanos se divierten. Cuando llega la hora de irnos aparece mi consuegro (el padre de Marco). Sonrisas y nos saludamos. El señor A y el señor S se apartan un poco. Unos instantes después una llamada de móvil inesperada interrumpe nuestra conversación. El señor A y el señor S se ríen de mí, y se acercan de nuevo. ¡Puñeteros! Hora de marchar a casa. La conversación telefónica continúa. Al menos tengo la posibilidad de meter una cuñita a mi consuegro: ¿te apetece una cerveza en casa cuando acabes? (Ok). Al rato me encuentro de nuevo con él esta vez en el jardín de casa, con la mirada de Alvaro que no para de comer patatas fritas y los otros dos enanos en un apoteósico festival a la caza del bicho. Una charla muy amena, una tarde que se anima, semillitas de amistad. Lo que comienza a las seis acaba inesperada y gozosamente a las doce de la noche, después de una divertidísima cena (notinotoumarket) en un chino con las dos familias. De nuevo se cumple la teoría, los mejores momentos sin duda son los que nacen sin tener guión de antemano. El señor A y el señor S en el exilio.

miércoles, abril 26 

Suena mi móvil. Una voz femenina con acento extranjero.
- Hola
- Hola
- ¿Tas ocupado?
- No, ahora no (acabo de reconocer la voz, es mi vecina brasileña)
- Es que quería hablar contigo de lo de ayer
(¡Dios mío qué me va a contar! Muy rápido mi cerebro me pasa la información de que seguramente, quiere hablar con su marido que se llama igual que yo, y se ha confundido de número)
- Luciana ¿sabes quién soy?
- Pues claro (risas)
(Esto no me cuadra)
- Luciana soy Solojose el padre de Lucía (mi hija va a clase con la suya)
- Si, hombre, ya lo sé (más risas)
(Yo descolocado)
- ¿Tas ocupado? (Repite)
- Pues no (¿Qué querrá? ¿Darme la enhorabuena por lo del trabajo? Yo creo que no lo sabe)
- No… es que como me hablabas ayer de lo de tu amigo
(A mí que me registren que yo ayer no hablé con ella)
- Luciana, que soy el padre de Lucía, ¿lo sabes verdad? (Insisto)
- Claro hombre (Risas, ¿yo descolocado y a ella le divierte la situación?)
(Me empieza el tembleque, yo tengo claro que ella piensa que está hablando con su marido, y me imagino que va a empezarme a soltar cosas como qué bien lo pasamos anoche o eres mi tigre preferido)
- Y ¿de qué amigo te he hablado ayer, de mi amigo brasileño? (hace meses que no le hablo de él)
- ¡Ay! (Espacio. Se acaba de dar cuenta) Eres el papá de Lucía (Claro, te lo llevo diciendo un buen rato) Discúlpame que estaba llamando a otro Jose (Vaya, ya lo sabía) Perdona.
- No te preocupes (Me río)
Han pasado dos minutos y catorce segundos de confusión.

Anda que si me llego a callar y la dejo que suelte por la boquita, ¿qué secretos hubiera llegado a conocer?

lunes, abril 24 

En el metro. Todas las caras tienen otro color. Curioso. La sensación que tienes del resto de la gente según el ánimo que lleves en la mochila contigo en ese momento. La mía es una mochila de pana marrón cruzada. Ive Mendes se asoma por los auriculares que desembocan en mis orejas. Y el sol que, tras este año con estaciones de libro, hace acto de presencia. Un poco después un despacho con seis sillas. Seis portafolios de diferente color. Elijo el naranja. Hace unos años cambié a mi preferido, el azul, por éste. Alguien se sienta a mi lado. Hablamos un rato de varias cosas. Varias que se convierten en tantas. Tantas que se convierten en ¡!. Ahora cruzo los dedos (como los actores al leer el guión de una nueva película). Recuerdo lo que dije en mi último post. Y no se me ocurre una forma más manida de contar lo siguiente:

Tengo dos noticias una mala y otra buena.

La mala es que este blog dejará de existir. La buena es que…

(Cruzar los dedos fuerte conmigo por favor…)

dentro de 1 o 2 meses voy a cambiar el nombre al diario de un parado

IIIUUUUUUUJJJJUUUUU!

viernes, abril 21 

¿y si las cosas están cambiando?